Un tercer grupo de 20 frailes se presentó en 1528, de los cuales dos, fray Andrés de Olmos y fray Bernardino de Sahagún, fueron destinados a Tepeapulco. A partir de entonces los evangelizadores franciscanos, levantaron una gran cantidad de iglesias en la altiplanicie pulquera.
Fue tanta la prisa de los frailes por evangelizar que, en menos de
medio siglo, el actual estado de Hidalgo ya estaba poblado por una
treintena de conventos.
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